Primero aparece una red que todavía no ha encontrado su forma; después llega la posibilidad de activarla, escuchar el impulso colectivo y sostener aquello que la propia comunidad está convocando.
Desarrollé la capacidad de comunicar con el objetivo de fortalecer a las personas —cada individuo como parte de un colectivo— y colaborar en la construcción de estructuras organizadas al servicio de un cambio que busca volverse cultural.
Se trata de recuperar la autoridad colectiva sobre cómo queremos relacionarnos con la muerte, y de sostener ese cambio en nuestros propios territorios.
El objetivo nunca ha sido crear dependencia, sino favorecer la aparición de autogestores.
Cada comunidad que despierta, despierta a otras.
Así nacieron RedLA, el International Doula Council y el International Working Group.
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