Observar cómo los seres humanos navegan por el cambio, la transición y la transformación ha sido una parte inseparable de mi labor. Lo que tejo a través de esa observación se convierte en lo que llevo a otros espacios: un entrelazado de historias, experiencias y preguntas compartidas.
Esa observación también busca sus propias formas de decirse. La escritura y el arte son dos de ellas.
No ilustran mi labor: la continúan por otros medios.
Escribo desde el mismo lugar donde acompaño. El lenguaje, cuando viene desde adentro hacia afuera, expande lo que somos capaces de ver, sentir y conocer. Traducir textos esenciales de otras autoras es, para mí, otra forma de acompañamiento.
El arte es donde lo que no entra en palabras encuentra cuerpo. Los temas que la cultura evita —la muerte, la pérdida, lo que se transforma— son justamente donde la obra se despliega.
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