13 de abril, 2020

Conexión humana más allá del tiempo y el espacio

Human Connection Beyond Time and Space

Conforme trasladamos cada vez más nuestra vida personal y profesional a lo digital y a las salas de videoconferencia, podemos cuestionar nuestra capacidad de intimidad, conexión, y de dar sentido a nuestras vidas, nuestro trabajo, nuestras interacciones, nuestras relaciones, nuestras experiencias individuales y compartidas, a través de imágenes en pantalla y sonido de bocinas.

Quienes tenemos una labor de servicio, y de acompañamiento compasivo en particular, podemos preguntarnos cómo podremos acompañar sin el componente esencial de estar físicamente presentes con nuestros pacientes y clientes. Muy similar al trabajo con los sueños, muchas de nosotras confiamos en un felt sense (una sensación encarnada de reconocer algo como verdadero o correcto) y en la intuición mientras guiamos a otras personas a través de su proceso.

Sería difícil para quienes acompañamos hacer nuestra labor sin esta brújula visceral, que se asume provocada por la presencia física y la cercanía. Entonces, algunas de nosotras podemos preguntarnos, o incluso preocuparnos, si tendremos acceso a esta experiencia encarnada estando en presencia remota, de cámara a pantalla, con otras personas, muchas veces desde una gran distancia física.

No parece haber una distancia física mayor que la que trae consigo la muerte. Así que, hoy voy a compartir contigo una de muchas historias verdaderas de mi experiencia que pusieron a prueba esta percepción y esta suposición de desconexión por distancia física.

Esta es una historia sobre sueños, muerte, y el ahora eterno.

Hace algunos meses, conocí a un paciente que estaba muriendo de cáncer, con quien acompañaría hasta el final de su vida. Pasamos los siguientes cinco días navegando juntos desde lo denso y lo material hacia la cualidad y atmósfera simbólica, imaginal, onírica, a menudo de otro mundo, que forma parte del proceso de morir tanto para el paciente como para quienes lo acompañamos. Es una cualidad y atmósfera que va y viene entre la inhalación y la exhalación, el sueño y la vigilia, la encarnación y la desencarnación, entre vivir y morir. Es a la vez física y etérea, y trae consigo una experiencia compartida de sensaciones intensas, emociones profundas, percepciones reveladoras, pensamientos inspirados, un instinto impecable, y un sexto sentido e intuición más agudos.

Cada experiencia de acompañar a alguien que muere es una experiencia única de aprendizaje por la que estoy muy agradecida, y que expande mi percepción de lo que es posible en este espacio y tiempo de vida, muerte, nueva vida, y más allá de la vida. También trae consigo la oportunidad y la responsabilidad de sostener a la familia y los seres queridos que sobreviven, en su proceso de pérdida, duelo, búsqueda de sentido, y de transformar su relación, su intimidad y su conexión con su persona fallecida, todo lo cual es, a su vez, otra experiencia única de aprendizaje que aprecio y valoro profundamente.

Hace varias semanas, tuve un sueño de visitación (un sueño vívido, intensamente presente, que se siente real, con una persona que está muerta en la vida de vigilia) con este paciente, a quien llamaré Frank:

Frank y yo estamos en la sala de urgencias de un hospital. Es un salón abierto con muchas camas sin divisiones. Frank está sano y lleno de vitalidad, y estamos trabajando juntos en el hospital, acompañando a quienes están enfermos e intubados, y a quienes nadie puede visitar. Tenemos permiso de quedarnos con los pacientes. Frank y yo compartimos una cama pequeña en la que nos sentamos, entre todas las camas ocupadas. La enfermera de noche hace su ronda, que incluye entregar audífonos y dispositivos de audio a cada paciente, esté consciente o no. Frank está encantado y comenta que este es su libro favorito, que le encanta que se lo lean en voz alta. La enfermera nos entrega a cada uno audífonos y un dispositivo, y anuncia: “El Alquimista, y El Mago”. Explica que escuchar historias nos ayuda a caer en un buen sueño.

Desperté de este sueño con una sensación muy buena, la de trabajar juntos para acompañar a pacientes enfermos y moribundos, especialmente en este momento en que tantos pacientes mueren solos en los hospitales, y me gustó la idea de tener un programa de audiolibros para ellos.

No trabajé el sueño, ya que con los sueños de visitación me basta con tener la experiencia sin profundizar más en ella. Como sí me gusta honrar mis sueños aunque no los trabaje a fondo, pensé: tal vez leeré ese libro, El Alquimista.

Me sentí movida a compartir este sueño y esta experiencia con la hija de mi paciente, con quien me pongo en contacto regularmente. Ella dijo:

“¿Qué? ¡Eso es una locura! Cuando estuve con él [unos dos meses antes de conocerte a ti] se suponía que me sentaría a leerle en voz alta El Alquimista. Nunca llegamos a hacerlo porque tuvimos muchos pleitos y me fui antes. Pero yo había sacado el libro del librero para sentarme a leérselo. Él solo quería que alguien le leyera, para poder escuchar ese libro. De hecho, tomé su copia del libro cuando estaba revisando sus cosas en su departamento en enero. Pensé que este libro ahora tiene un recuerdo para mí, algo de lo que habíamos hablado. Hablamos de ese libro varias veces. Así que ese sueño es muy interesante por un par de razones. Tal vez sea un buen momento para sentarme a leer ese libro. ¡Wow!”

Se me puso la piel de gallina durante lo que sintió como mucho tiempo, y se me sigue poniendo la piel de gallina cada vez que comparto esta historia. No tenía manera de saber conscientemente nada sobre este libro. Y, sin embargo, cualquiera que sea el mensaje que este sueño y este libro traen para apoyar la construcción de sentido, individual y compartida, y el sentido de intimidad y conexión, sigue expandiéndose y profundizándose.

Comparto esta historia porque hay varios elementos que me demuestran nuestra inmensa capacidad de conexión más allá del espacio y el tiempo, más allá de la vida y la muerte. Las conexiones significativas de esta historia (incluso más allá del apoyo de la tecnología contemporánea de videoconferencia) ocurrieron entre alguien que está muerto y alguien que está en el norte de Estados Unidos, a través de alguien que soñaba en el centro de México.

Este tipo de historia no es inusual en mi experiencia con la muerte y los sueños, no es inusual en mis conversaciones con colegas del campo de fin de vida, no es inusual en nuestras conversaciones semanales de Death Café.

Jeremy Taylor solía decir que esforzarnos por recordar nuestros sueños podría ser lo mismo que intentar recordar una vida que ya dejamos atrás, que lo que recordamos de nuestros sueños es la experiencia más cercana que podemos tener a la vida después de la muerte, ya que el antes y el después se disuelven y entramos al ahora eterno. En esta experiencia sin tiempo ni espacio, hay nada y hay todo; es el lugar de toda posibilidad, es la unicidad que no podemos comprender del todo pero de la cual tenemos destellos cuando elegimos dejar de creer todo aquello que nos hace suponer que una conexión poderosa no puede sentirse más allá del espacio y el tiempo.

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