2 de octubre, 2018
Consciencia de una misma y responsabilidad sobre una misma: por qué importa nuestra vida onírica
Self-Awareness & Self-Responsibility: Why Our Dream Life Matters

¿Cuántas veces nos sentimos tan ofendidas e indignadas en nuestros sueños, desconfiadas, críticas, inflexibles o absolutamente implacables, persistentes, inquebrantables? ¿Cuántas veces nos apresuramos a cantar victoria, a regodearnos en nuestra superioridad moral, a celebrar nuestro afán de revancha, o a quedarnos en nuestra sensación de pérdida y revolcarnos en nuestro papel de víctimas?
Nunca se insistirá lo suficiente en cómo los pensamientos, acciones, actitudes, sentimientos y reacciones de nuestro ego onírico nos revelan la labor que todavía queda por hacer. El ego onírico es el yo-en-el-sueño, ese aspecto de nuestra psique que más se identifica con el yo de la vigilia. El ego onírico es el barómetro de nuestra atmósfera interior, que presiona por crecer y cambiar.
Si bien nuestro ego onírico puede darnos un vistazo de cómo van cambiando lentamente nuestra actitud y nuestra perspectiva, lo que revela con más certeza son las áreas donde nos creemos libres, en paz y con la labor terminada, cuando en realidad la vida nos pide rendirnos más, aceptar más, amar más.
Los contenidos y los mensajes de nuestros sueños nunca están equivocados. Todo cumple un propósito y ahí no hay errores. Los sueños son directos, burdos, sin tacto, groseros, escandalosos y no piden perdón por nada. Llaman nuestra atención y van al grano. Lo que sea que nuestros sueños nos presenten es lo que hay, el hecho, el informe sobre el estado actual de las cosas. La manera en que percibimos, sentimos o reaccionamos en nuestros sueños es el estado actual de nuestra evolución. Mientras haya reacción, resistencia, actitud defensiva o emociones fuertes, hay labor por hacer. No nos dejemos engañar por la evaluación de un ego onírico que nos dice que ya terminamos y que todo está resuelto.
Las observaciones del ego onírico son otra historia. Las observaciones revelan lo que hemos llegado a conocer, a comprender y hemos empezado a aceptar. Implícitos en las observaciones de nuestro ego onírico hay comprensiones y descubrimientos sobre dónde estamos en nuestro proceso evolutivo. Ahí también hay información útil.
Hay muchas buenas razones para prestar atención a nuestra vida onírica y cuidarla. Una muy buena razón es que, al notar los manejos de nuestro ego onírico, ganamos una consciencia de nosotras mismas mayor y más profunda, que a su vez contribuye a una mayor responsabilidad sobre nosotras mismas y a una impecabilidad que se vuelve una segunda naturaleza.
La consciencia de una misma es un conocimiento detallado de quiénes somos, de cómo nos han condicionado las influencias externas, de cuáles han sido nuestros hábitos y patrones de evasión y distracción, de qué impulsos de negación de nosotras mismas predominan, de modo que ya no nos controlen como lo hacían cuando no estábamos al tanto de ellos. Con una mayor consciencia de nosotras mismas podemos convertirnos en observadoras objetivas de nosotras mismas, ejercer nuestra capacidad de acción y tomar decisiones conscientes —en lugar de decisiones inconscientes, automáticas o impulsivas— en respuesta a las circunstancias y situaciones de nuestra vida de vigilia. La consciencia de una misma también nos permite familiarizarnos con nuestros estados emocionales y comprenderlos, igual que nuestras necesidades y preferencias, nuestros presentimientos e intuiciones, nuestros puntos ciegos y vulnerabilidades. Sin una verdadera consciencia de nosotras mismas, puede ser difícil poner activamente en juego nuestra capacidad de cambiar y de manifestar nuestro máximo potencial.
La responsabilidad sobre una misma llega con el conocimiento de nuestras necesidades más esenciales y nuestros deseos más íntimos, con la consciencia de nuestras opciones y posibilidades. Con ella orientamos nuestras decisiones, enfocamos nuestra atención y discernimos qué merece nuestra inversión dedicada de energía, atención y cuidado, para el bienestar de todos. Con la responsabilidad sobre una misma llega nuestro deber de autocuidado, el reconocimiento de nuestra necesidad de crear espacio, lugar y rutinas intencionales y conscientes para la contemplación, la integración y una mayor salud e integridad.
Nuestra vida onírica importa porque mantiene a nuestra mente consciente al tanto de lo que estamos trabajando en el inconsciente. Mientras las observaciones del ego onírico nos informan de nuestro progreso, sus reacciones señalan dónde el juicio —y el juicio sobre nosotras mismas— todavía tiene que transformarse en empatía, honra, amor y aceptación. Las travesuras de nuestro ego onírico sirven para ampliar y profundizar la consciencia de nosotras mismas, de modo que la responsabilidad sobre nosotras mismas llegue con facilidad y sin esfuerzo.
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How often are we so offended and indignant in our dreams, suspicious, judgmental, unyielding or utterly relentless, persistent, unwavering? How often are we so quick to declare victory, to revel in our self-righteousness, celebrate our vindictiveness, or dwell in our sense of loss and wallow in our victimhood?
It cannot be emphasized enough how our dream ego thoughts, actions, attitudes, feelings and reactions reveal to us what work remains to be done. The dream ego is the me-in-the-dream, that aspect of our psyche that is most identified with the waking self. The dream ego is the barometer of our inner atmosphere pressing for growth and change.
While our dream ego can give us a glimpse into our slowly shifting attitude and perspective, it most reliably reveals the areas where we assume ourselves free and clear and done with our work, when in fact life requires us to surrender more, accept more, love more.
The contents of and messages from our dreams are never wrong. Everything serves a purpose and there are no mistakes there. Dreams are blunt, crass, tactless, gross, outrageous, and thoroughly unapologetic. They call our attention and get to the point. Whatever our dreams present us with is the deal, the fact, the report about the current state of affairs. However we perceive, feel, or react in our dreams is the current state of our evolution. As long as there is reaction, resistance, defensiveness, or strong emotions, there is work to be done. Let us not be fooled by a dream ego’s assessment that we are done and resolved.
Observations by the dream ego are a different story. Observations reveal what we have come to know, understand, and begun to accept. Implicit in our dream ego observations are realizations and discoveries about where we are in our evolutionary process. Useful information is contained there, too.
There are many good reasons to pay attention and tend to our dream life. One very good reason is that as we note the dealings of our dream ego, we gain greater and deeper self-awareness, which in turn contributes to greater self-responsibility and second nature impeccability.
Self-awareness is a detailed knowing of who we are, how we have been conditioned by external influences, what our habits and patterns of avoidance and distraction have been, what self-denying impulses prevail, such that we are no longer controlled by them as we were when not abreast of them. With greater self-awareness we may thus become objective observers of ourselves, exert our agency, and make conscious choices—rather than unconscious automatic or knee-jerk ones—in response to the circumstances and situations in our waking life. Self-awareness also allows us acquaintanceship with and understanding of our emotional states, our needs and preferences, our hunches and intuitions, our blind spots and vulnerabilities. Without true self-awareness, it can be challenging to actively engage our capacity to change and manifest our highest potential.
Self-responsibility comes with the cognizance of our most essential needs and inmost desires, with the awareness of our options and possibilities. With it we guide our choices, commit our focus and discern what is worth our dedicated investments of energy, attention, and care, for the wellbeing of all. With self-responsibility comes our self-care devoir, the recognition of our need to create space, place, and intentional, conscious routines for contemplation, integration, and greater health and wholeness.
Our dream life matters because it keeps our conscious mind abreast of what we are working on in the unconscious. While dream ego observations inform us of our progress, dream ego reactions point to where judgement—and self-judgment—are yet to be transformed into empathy, honoring, love and acceptance. The shenanigans of our dream ego serve to broaden and deepen our self-awareness so that self-responsibility comes easily and effortlessly.
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