14 de octubre, 2018

La cuestión del bien y el mal: soltar el reproche y la culpa (parte 2)

The Question of Good & Evil: Letting Go of Blame & Guilt (part 2)

A menudo ocurre que nuestras reacciones en el tiempo onírico, como nuestras reacciones automáticas en la vida de vigilia, se basan en suposiciones y prejuicios —condicionamientos de experiencias pasadas— más que en la indagación y la curiosidad, que requerirían que permaneciéramos desidentificados en el momento presente. Lejos de criticarnos, el hacedor de sueños nos ofrece la oportunidad de observarnos objetivamente.

Cuando nosotros —como el yo-en-el-sueño— estamos en el centro de la historia del sueño, el ego onírico nos revela nuestra postura, nuestras vulnerabilidades, nuestras actitudes, nuestros juicios, reacciones y omisiones. Es impaciente, desea que las condiciones sean distintas o cambien. Le preocupa ser visto, escuchado y tomado en cuenta. Una y otra vez se ve incomodado. Si las circunstancias no se ajustan a sus normas y deseos, el ego onírico se siente herido, ofendido, indignado, moralmente superior; maquina, engaña, se tensa, se cohíbe, se incomoda, se preocupa, se siente inseguro, pendiente de las apariencias y de lo que otros pensarán y dirán. Aun cuando sea doble, tiende a creer que sabe más, que sabe lo que es correcto, y está convencido de que lo defiende sin titubear. A menudo el ego onírico nos sorprende con respuestas escandalosas, que parecen impropias de nosotros.

El yo-en-el-sueño, como suele ocurrir con nuestro yo habitual de vigilia, evalúa todo como efecto de algo, y por eso busca incansablemente el origen del efecto percibido. Si siente miedo, busca algo a qué temerle. Si se siente inseguro o amenazado, busca algo o a alguien sobre quien proyectar como fuente de la amenaza. Si sus planes fueron ignorados, cambiados o arruinados, o si su bienestar se vio comprometido, busca malicia confabulada a su alrededor.

El ego onírico expone nuestras estrategias inconscientes que encuentran una causa para todo lo que no sale como queremos, que encuentran fuera de nosotros la causa de cómo nos sentimos y de lo que percibimos. En otras palabras, el ego onírico, como representación de nuestro ego de vigilia sin revisar, está atascado en una dualidad de justicia e injusticia, administrando activamente el culpar, la culpa y la vergüenza en sus intentos de neutralizar la presión de la experiencia antinómica.

¿Qué función cumple culpar? Más allá de defender nuestro orgullo, recuperar el control y renunciar a la responsabilidad propia, culpar sirve para aliviar el malestar y el dolor, en concreto el malestar y el dolor de la pérdida —de cualquier tipo de pérdida— en nuestra experiencia humana. Y cuando no hay nada —ninguna cosa, circunstancia, suceso, persona, grupo o entidad específicos— a quien culpar por lo supuestamente malo que haya ocurrido, ejercemos la culpa de otras maneras: un castigo proyectado de la vida, del destino o de Dios, una maldad proyectada de fuentes abstractas, o un castigo internalizado a través de la culpa y la vergüenza.

Sobre todo, culpar y sentir culpa nos mantienen percibiendo la experiencia a través de la polaridad de lo correcto y lo incorrecto, del bien y del mal. Solo un número limitado de posibilidades podría calificar como bueno y correcto y, por lo tanto, todo lo demás es malo e incorrecto, y algo o alguien tiene que ser responsabilizado por ello.

¿Será que simplemente reaccionamos con miedo ante lo desconocido, lo inesperado y lo ignorado en nosotros mismos y en nuestra experiencia, y que ese miedo nos incomoda de manera insoportable? ¿Será que el bien y el mal representan lo conocido y lo desconocido, lo amado y lo-aún-no-conocido-y-por-lo-tanto-todavía-no-amado?

Así como en la vida de vigilia, cuando estamos atascados en una perspectiva, solo vemos —y buscamos— pruebas exclusivamente de esa perspectiva y nos perdemos el todo, en el tiempo onírico nuestro ego onírico suele estar atascado en una perspectiva limitante, desplegada de forma flagrante, que estamos listos para llevar a nuestra consciencia. El tiempo onírico señala nuestra tendencia a quedarnos atascados en una perspectiva, un condicionamiento pasado, una narrativa heredada o una historia de construcción social, para que podamos darnos cuenta de que hay un todo más amplio que nos estamos perdiendo.

Continuará . . .

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