7 de julio, 2018

Desconfiar del ego onírico: el yo-en-el-sueño

Suspicious of the Dream Ego: the Me-in-the-Dream

Es muy tentador sentirnos realizadas y satisfechas cuando el yo-en-el-sueño, el ego onírico, hace algo heroico y salva el día en el tiempo del sueño. El ego onírico es el aspecto de nuestra psique que más se identifica con nuestro yo de la vigilia, con nuestro ego de la vigilia, nuestra personalidad y nuestra supuesta identidad personal. Y es precisamente por esta razón que debemos desconfiar del yo-en-el-sueño.

Hay una razón por la que al yo-en-el-sueño también se le conoce como ego onírico. En nuestros sueños hay restos del ego de la vigilia, como el aspecto del sueño con el que más nos identificamos, que aparece como el yo encarnado en el sueño. El ego de la vigilia ha desarrollado estrategias para defenderse de todo lo que se siente amenazante, tanto en la vida de vigilia como en el tiempo del sueño. El ego de la vigilia tiende a defenderse de lo desconocido, de lo no familiar, de lo inconsciente; se defiende del inconsciente, donde reside lo que todavía no sabemos y lo que realmente puede ayudarnos a crecer, evolucionar y transformarnos.

La manera en que el ego onírico sin duda nos sirve es señalando esas actitudes y conductas que nuestro ego de la vigilia adoptó para defenderse de verdades abrumadoras que ponen en duda nuestra identidad, que nos hacen sentir fuera de control, que revelan que nuestras decisiones quizá no tengan el poder absoluto que queremos creer que tienen.

Donde está el ego, la persona lo sigue de cerca. La persona es la imagen brillante de nosotras mismas con la que el ego se identifica, los aspectos idealizados de la personalidad que el ego se siente cómodo mostrando al mundo. Uno de los principales aspectos de los que el ego se defiende es la sombra. La sombra incluye aspectos de la personalidad con los que el ego se siente insoportablemente incómodo, aspectos de una misma que se sienten amenazantes de alguna manera, aspectos que terminan profundamente reprimidos en el inconsciente. La sombra puede ser oscura o luminosa; reprimimos en el inconsciente los aspectos de nosotras mismas que otras personas nos hicieron creer que son vergonzosos, y los aspectos sobresalientes y extraordinarios de nosotras mismas que hicieron que otras personas se sintieran incómodas o inferiores en comparación.

El ego onírico, como el ego de la vigilia, tiende a querer controlar y resolver los dilemas presentes en cualquier situación del sueño. Quiere seguir reprimiendo nuestras sombras oscuras y luminosas; quiere mostrar nuestra persona reluciente. El ego onírico también puede llegar a grandes conclusiones sobre lo que está pasando y tomar decisiones definitivas sobre cómo encarar el asunto. Estas son, la mayoría de las veces, meras distracciones de la situación y del núcleo del asunto que el inconsciente trae a nuestra atención en nuestros sueños.

Lo que el ego sabe y teme es que todo lo que hay en el inconsciente tiene un gran poder e influencia en nuestra vida de vigilia. Lo que el ego sabe es que el inconsciente nos pide soltar lo familiar. Lo que el ego teme es soltar lo que ya conoce, sin importar cuán pesado, hiriente, dañino o poco saludable sea. De lo que el ego no se da cuenta, ya sea en el tiempo del sueño o despierto, es que el inconsciente contiene todo lo que necesitamos para volvernos más sanas e íntegras.

Y así, en lugar de admirar al yo-en-el-sueño por sus grandes gestos, examinemos de cerca sus actitudes y conductas. Mientras el ego onírico intenta distraernos de lo que nuestro dreammaker, nuestro Sí-mismo transpersonal, está transmitiendo de forma evidente en cualquier sueño, el ego onírico nos revela sin pudor qué se interpone en nuestro camino, y cómo nos interponemos en nuestro propio camino. Observemos con amor al yo-en-el-sueño, ya que ella o él nos está revelando constantemente exactamente aquello a lo que necesitamos prestar atención y aquello que necesitamos trabajar para integrar el crecimiento que ya está ocurriendo en nuestro inconsciente.

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