5 de junio, 2019

Temporada de pesadillas

Nightmare Season

«Nadie está fuera de la negra sombra colectiva de la humanidad». —Carl G. Jung

Hacía mucho tiempo que no recordaba una pesadilla. De repente, tuve dos pesadillas relacionadas en el lapso de cinco días. Un número notable de mis clientes también me ha contado pesadillas durante este tiempo.

Como quizá sepas, desde hace cuatro años vengo observando y registrando temas, símbolos y elementos oníricos colectivos en forma de paisajes oníricos colectivos, junto con sus mensajes. A partir de mi observación y mi experiencia, llegué a la conclusión de que (a) mientras trabajamos individualmente también estamos trabajando colectivamente, (b) cualquier transformación que logremos en nosotras mismas también se refleja en lo colectivo, y (c) nuestra labor individual está necesariamente influida por nuestro proceso evolutivo colectivo.

Lo que me llama la atención de esta aparición actual de pesadillas en lo colectivo es que todas las personas que me hablan de ellas están, como yo, atravesando una revisión consciente, intencional y a fondo de creencias, actitudes, hábitos y patrones inconscientes, con la intención de transformarlos hacia lo que mejor sostenga nuestros estados y circunstancias actuales, más evolucionados, y nuestro bienestar general.

¿Es posible entonces que, del mismo modo en que atravesamos colectivamente temas oníricos simultáneos que sostienen nuestro progreso individual, también atravesemos temporadas colectivas de pesadillas en las que reconocemos, honramos e integramos aspectos rechazados de la sombra, junto con la necesaria purga y liberación de los sentimientos y emociones asociados? A mí, sin duda, me parece que sí.

Se ha dicho que las pesadillas nos ponen en contacto con nuestra sombra personal y colectiva y nos obligan a enfrentarla. La sombra representa todo lo que se considera malo o negativo, oscuro, inaceptable, amenazante para las convenciones de la realidad consensuada y el statu quo.

Considerados perjudiciales, estos aspectos marginados de la experiencia humana provocan sentimientos no deseados y percibidos como intolerables de culpa, vergüenza, bochorno, asco y arrepentimiento, por nombrar algunos. Así, los aspectos de nuestra sombra personal y colectiva se ocultan, se suprimen, se reprimen, se niegan en nosotras mismas, en nuestras comunidades, nuestra cultura y nuestras sociedades, e inevitablemente siguen operando y manifestándose de maneras inconscientes y, sin embargo, evidentes.

Nadie puede hacerse consciente de la sombra sin un considerable esfuerzo moral. Hacerse consciente de ella implica reconocer los aspectos oscuros de la personalidad como presentes y reales. Este acto es la condición esencial para
cualquier tipo de autoconocimiento.
—Carl G. Jung

Los sueños nos hacen este favor de volvernos conscientes de la sombra en forma de pesadillas, como una invitación generosa al autoconocimiento y al esfuerzo moral aplicado a través de nuestro trabajo con sueños.

Lo más notable de nuestra experiencia con las pesadillas es que la incomodidad que nos causan nos lleva a despertarnos del sueño, muy probablemente en nuestro intento de escapar de aquello que nos ponen enfrente. Sin embargo, las imágenes, sentimientos y sensaciones perturbadoras que despiertan nuestras pesadillas se quedan con nosotras durante la vigilia y nos invitan a despertar a algo que todavía no hemos atendido en nosotras mismas.

Consideremos por un momento el valor potencial de las sensaciones residuales, inquietantes e incómodas, de agobio, culpa, vergüenza, desesperanza, confusión, ansiedad, pánico, miedo, terror, angustia, y demás. Estos son, de hecho, los sentimientos y sensaciones indeseables, percibidos como intolerables, que hemos tratado de evitar al reprimir la sombra, individual y colectivamente; sentimientos y sensaciones que han elegido liberarse a través de nuestra atención consciente y de nuestro reconocimiento de ellos.

Nuestras pesadillas nos están diciendo que en realidad somos capaces no solo de tolerarlos, sino también de transformarlos, transmutarlos y trascenderlos con el simple acto de reconocerlos y honrarlos. Lo hacemos (a) notándolos, (b) viviéndolos, y (c) permitiendo que se muevan a través de nuestras sensaciones y nuestra consciencia.

Si todos los sueños vienen al servicio de nuestra mayor salud e integridad —y hace mucho que se estableció que así es—, ¿qué servicio traen a nuestra consciencia despierta estas imágenes, sentimientos, sensaciones y emociones «oscuras»? ¿Qué servicio le ofrecen a nuestro crecimiento y evolución personal y colectiva?

Como con todos los sueños, nuestra tarea es darle sentido en la vida de vigilia a lo que no parece tener sentido en nuestra vida onírica. Nuestros sueños y pesadillas también nos invitan a preguntarnos qué puede seguir sin tener sentido en nuestra vida de vigilia, a lo que nuestra vida onírica insiste en que prestemos atención, que lo descifremos, y que le llevemos sanación y resolución.

Las pesadillas, como todos los sueños, se conectan con lo colectivo; reiteran temas y ofrecen variaciones en su intento de hacernos más accesibles esas cosas a nivel individual, para que podamos hacer la labor tanto por lo individual como por lo colectivo.

Hagamos, entonces, la labor, por el bien mayor y en beneficio de todos.

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