29 de julio, 2018

El escarabajo dorado o la dona rosa: cuando elementos de los sueños aparecen en la vida de vigilia

The Golden Scarab or the Pink Donut: When Elements of Dreams Appear in Waking Life

Una de las grandes preguntas del trabajo con sueños surge cuando intentamos explicar cómo y por qué elementos de nuestros sueños nocturnos aparecen literalmente en la vida de vigilia. Algunos lo conocemos como sincronicidad, el concepto de Carl G. Jung que se refiere a encuentros o coincidencias aparentemente fortuitos que están cargados de sentido debido a su correlación psicofísica. Quizás hayamos oído la historia del escarabajo dorado de Jung (Synchronicity: An Acausal Connecting Principle, 1952), que ilustra la sincronicidad como acausal, porque la coincidencia significativa no tiene una explicación ordinaria de causa y efecto. En la anécdota, la paciente de Jung le relata un sueño con un escarabajo dorado mientras Jung, casualmente, oye un ruido en la ventana, presta atención, abre la ventana y atrapa un improbable escarabajo vivo que le presenta a la paciente; y el asombroso suceso ofrece el avance necesario que le permitió a la paciente dejar de intelectualizar su terapia.

Si hemos vivido algo de ese tipo improbable en nuestra vida de vigilia, llegado directamente del tiempo onírico, la conexión acausal se vuelve significativa para nosotros porque refleja una coincidencia flagrante entre una experiencia psíquica e imaginal de los sueños, las visiones o las intuiciones, y una experiencia literal y tangible en la vida de vigilia. Es un encuentro entre la vida interior y la exterior, entre la existencia del sueño y la de la vigilia, y desafía la manera en que le damos sentido a nuestra realidad. Se siente de otro mundo en su imposibilidad sobrecogedora, extraordinariamente demostrada como posible.

La experiencia de que un elemento de nuestro sueño se presente de manera absoluta e indiscutible en la vida de vigilia nos pone frente a algo de lo milagroso. Esta frase, este objeto o este suceso, ahora místico, contiene una amplitud de sentido que descubrimos y reconocemos, latente en nuestra sorpresa que nos deja sin aliento. Estas coincidencias, a menudo imposibles de articular, no pueden explicarse en los términos habituales y, sin embargo, es innegable que reflejan algo con propósito en nuestra búsqueda de darle sentido a quienes somos, a nuestra vida y a nuestra experiencia.

Pero lo que nos interesa aquí no es tanto reconocer y designar las conexiones acausales, sino qué hacer con ellas cuando tocan nuestra realidad de forma tan personal. En el caso de Jung y su paciente, la aparición mágica del escarabajo vivo justo después de que ella contara el sueño del escarabajo dorado proporcionó un suceso inesperado e irracional que disolvió la resistencia de la paciente al trabajo terapéutico. Entonces, ¿qué hay del Volkswagen escarabajo azul, la dona rosa, la pulsera de plata, el encuentro con alguien del pasado, el embarazo no anunciado que se revela, la paloma gris muerta, la frase dicha palabra por palabra, y cada una de las demás apariciones fieles de un elemento onírico en la vida de vigilia? Lo notable aquí es que las sincronicidades surgen cuando necesitamos un aliento inexplicable y, de otro modo, inaccesible para avanzar en nuestro crecimiento y evolución personal, o para reclamar conscientemente la integración que ya ha ocurrido en nuestro proceso inconsciente. Las sincronicidades nos ayudan a creer en nosotros mismos, a rendirnos y a confiar en nuestro avance.

Lo primero que hay que tener en cuenta al explorar nuestras propias sincronicidades es que, si bien en el momento en que ocurren reconocemos que nuestros sueños las predijeron, nunca habríamos considerado que esos sueños de origen predecían el futuro cuando los tuvimos por primera vez. Con frecuencia, los elementos de nuestros sueños que aparecen con regularidad en la vida de vigilia no son los ominosos, sino los banales, los que a menudo pasamos por alto. Cuando esos elementos surgieron en un sueño, parecían insignificantes o sin brillo, y solo cobran valor cuando aparecen descaradamente en la vida de vigilia. Para empezar, parecen invitarnos a reflexionar sobre su propósito, como un incentivo seductor para llegar al sentido más profundo del sueño de origen, a las respuestas enterradas en las propias preguntas del sueño.

Lo que estamos explorando aquí tiene poco que ver con la capacidad de los sueños de predecir el futuro, aun cuando el fenómeno evidentemente roza esa posibilidad. No podemos dedicar nuestro tiempo de trabajo con sueños a intentar descifrar qué de nuestros sueños podría estar prediciendo algo del futuro. Incluso hay en este fenómeno una implicación que afirma que no podemos impedir lo que tenga que suceder y que, por lo tanto, ahí desperdiciaríamos nuestra energía. En línea con el dicho de que no podemos salvar, cambiar, sanar ni arreglar a nadie más que a nosotros mismos, lo que sí podemos hacer es notar cuándo algo de un sueño aparece en la vida de vigilia, y considerar qué está esclareciendo esa experiencia de vigilia y a qué remite del sueño del que provino. Nuestra labor está en desentrañar el sentido de la coincidencia para enriquecer el sentido que le damos a quienes somos, a nuestra vida y a nuestra experiencia.

Cuando miramos atrás para ver cuándo, dónde y en qué circunstancias apareció el elemento en nuestro sueño, obtenemos más comprensión sobre aquello a lo que se nos pide prestar atención. Por lo general, para empezar, había una pregunta, una duda, una confusión, una incertidumbre en torno a la aparición del elemento en el sueño, una que descartamos ya sea en el sueño o en nuestro trabajo con el sueño posterior. El enigma, aparentemente insignificante, de pronto pone de relieve una pregunta esencial de la vida, digna de la búsqueda de su respuesta. Y con frecuencia ocurre que el cuándo, el dónde y las circunstancias en que el elemento onírico aparece en la vida de vigilia responden generosamente a esa indagación. La sincronicidad, entonces, sirve como herramienta de autoconsciencia, al revelar respuestas a preguntas que aún no éramos conscientes de que nos estábamos haciendo.

Cuanto más atendemos a nuestros sueños, más expandimos nuestra capacidad de percepción ampliada en la vida de vigilia. Cuanto más nos entrenamos para experimentar y percibir lo simbólico en el trabajo con sueños, más lo experimentamos y lo percibimos en la vida de vigilia. Cuanto más abiertos estamos a la sabiduría y los mensajes de nuestros sueños, más receptivos nos volvemos inevitablemente en la vida de vigilia y, así, más conexiones acausales notamos y nos detenemos a observar, y más difuso se vuelve el velo entre el mundo del sueño y el de la vigilia. Esto significa que la abundancia de la previsión inconsciente y su integración están todavía más presentes y accesibles para nosotros. Somos más capaces de sumergirnos intencionalmente en la inmensidad del inconsciente y salir con resultados triunfales, discernibles y encarnados.

¿Y qué pasa si todavía no hemos vivido conexiones acausales? Cuando hablamos de honrar nuestro sueño después del trabajo con sueños —hacer, representar, asumir, buscar o adquirir activamente algún aspecto de nuestro sueño—, estamos creando una sincronicidad intencional para impulsar nuestra evolución, afirmando que el cambio y la comprensión ya se han logrado, aunque todavía no podamos captarlos.

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