5 de agosto, 2018

La búsqueda de totalidad: perder, buscar y encontrar algo en nuestros sueños

The Quest for Wholeness: Losing, Searching, Finding Something in our Dreams

Hay momentos en la vida en que la sensación de carencia y de pérdida es abrumadora, y hay otros en que ni siquiera tenemos la oportunidad de darnos cuenta de que algo falta.

Y así, en nuestros sueños, nos encontramos perdiendo algo, o a alguien, o algún lugar, o algún tiempo: desde la billetera, un recuerdo preciado, las llaves, el teléfono, el boleto, el vuelo, hasta la mascota, el amante, la casa, el camino, la dignidad, la vida. Todos conocemos alguna versión de este tema onírico. Darnos cuenta de que hemos perdido algo o de que nos falta algo nos lanza a una aventura para buscarlo. Enfrentar la amenaza de estar a punto de perder algo nos lanza a una cruzada para intentar evitar la pérdida.

Aun cuando la consciencia de vigilia no lo permita, el tiempo onírico nos concede —de manera juguetona, burlona, frustrante, angustiante, violenta— la realidad de nuestra condición: estamos en una búsqueda de totalidad. Nos esforzamos por sentirnos lo más fieles a nuestra naturaleza, lo más auténticos, lo más cómodos con quienes somos y cómo somos, y por identificar y realizar nuestro máximo potencial. Esta búsqueda nunca termina del todo hasta que de verdad termina y la vida tal como la conocemos —con esta consciencia, en este cuerpo— ya no es sostenible. ¿Y quién puede decir que no continúa después? Pero esa no es una pregunta para este momento, aunque siempre lo sea.

Muchas veces no somos conscientes de haber perdido nada y, sin embargo, en nuestros sueños nos topamos con algo que reconocemos como un tesoro disfrazado, importante, esencial, imprescindible para nuestro ser y para nuestra realidad. Cuando no estamos buscando, encontramos algo que codiciamos o que tomamos a escondidas por impulso. Los elementos que encontramos en nuestro viaje de búsqueda onírico, lo estemos buscando intencionalmente o no, hablan de nuestro proceso y de nuestros recursos. La búsqueda del objeto, el lugar, la persona o el punto de referencia aparentemente perdidos a menudo nos revela lo que en realidad necesitamos descubrir. La pérdida y el deambular son estrategias del inconsciente que nos llevan a ejercitar y expandir un sentido de percepción más agudo. De este modo descubrimos lo que nos espera ahí y que hasta ese momento estaba oculto y era desconocido. Ahí suelen contenerse revelaciones inesperadas.

A veces la sensación de haber perdido algo es una ilusión: ese elemento que buscamos desesperadamente en realidad nunca se perdió, sino que se apartó de nuestra vista por un tiempo, inaccesible a nuestra consciencia por una buena razón. En estos casos, investigar y comprender el motivo de su ausencia temporal es parte de la labor. A veces sentimos alivio de haber perdido algo. En estos casos, observar los sentimientos, las historias y los juicios que surgen en respuesta a esa sensación de tregua es parte de la labor.

Los sueños nos ofrecen la oportunidad de experimentar, explorar y expresar ese aspecto tan reprimido de nuestra condición: nos sentimos carentes o incompletos, y nuestra vida es la búsqueda de aquello de lo que nos sentimos separados, para unirnos con ello, para integrarlo de nuevo en nosotros hacia una mayor totalidad. O bien necesitamos perder algo para alcanzar esa totalidad y, sin embargo, insistimos obstinadamente en conservarlo porque no podemos identificarnos sin ello o porque tenemos miedo del vacío que sentiríamos si lo perdiéramos. En estos casos, familiarizarnos con el malestar temporal que evoca la pérdida, y aceptarlo, es parte de la labor.

En muchos casos, la única manera en que dejaremos de recurrir a viejas tácticas, creencias, hábitos, actitudes, percepciones y demás es que se eliminen por completo de nuestra psique. Si hay alguna de estas en la vida de vigilia que de algún modo nos resistimos a perder, aun con nuestra más ferviente intención de hacerlo, ten por seguro que el inconsciente nos está ayudando a soltarla con una determinación desconcertante. En nuestros sueños nos arrebatan elementos queridos —de manera absurda, abrupta, cruel, burlona, turbulenta— y esto nos impulsa a retomar nuestra búsqueda de totalidad.

El inconsciente guarda la oscuridad de lo desconocido, aquello que con más frecuencia evitamos en la vida de vigilia. En última instancia, estamos en busca de lo que todavía no sabemos en nuestra consciencia de vigilia, pero a lo que tenemos acceso cuando logramos atravesar nuestra resistencia a lo impredecible, lo incierto, lo imprevisto. La innovación, la posibilidad y la creatividad están más allá de aquello con lo que nuestra consciencia de vigilia se siente cómoda. El tiempo onírico nos concede la oportunidad de acceder a esa fuente de sabiduría, inspiración y comprensión a través de su viaje implacable hacia lo desconocido y lo inesperado. Siempre es una buena noticia cuando, en nuestros sueños, perdemos algo, lo buscamos y encontramos algo.

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