15 de diciembre, 2019
La disposición a atravesarlo: cómo llegar a la imagen onírica reveladora
Willingness to Work it Through: Arriving at the Revelatory Dream Image

Nuestros sueños, si somos capaces de recordarlos con regularidad, están evidentemente comprometidos a brindarnos a diario, de una u otra manera, información y guía pertinentes a nuestras circunstancias actuales.
A su manera única e inesperada —muchas veces francamente cruda y sin tacto—, los sueños nos ofrecen pistas, comprensiones e instrucciones y, cuando se lo pedimos, aportan claridad a nuestras preguntas por caminos sinuosos, o nos plantean preguntas completamente nuevas para reorientar nuestra atención al servicio de nuestra salud y nuestra totalidad más amplias.
Sin embargo, a veces el tipo de mensajes que nos presentan los sueños puede parecer demasiado simple y trillado, aparentemente desacertado o sin relación, más bien indescifrable, sumamente incómodo o absolutamente aterrador. A veces, las imágenes oníricas con las que despertamos parecen traernos más problemas, angustia y confusión que el asunto original que esperábamos resolver cuando decidimos prestar atención a nuestros sueños o pedirles ayuda.
Así, sin querer —o muy a propósito—, podemos rechazarlos o desestimarlos, descartarlos o pasarlos por alto por completo, defendernos de ellos con vehemencia o volvernos totalmente incapaces de relacionarnos con ellos.
Al creer que hemos llegado a un callejón sin salida en nuestra búsqueda de mayor claridad y de un sentido de dirección constructivo, podemos frustrarnos y querer rendirnos. Quizás incluso lleguemos a desear no recordar estos sueños convertidos en pesadillas o en rutinas mundanas aparentemente sin sentido.
Y, sin embargo, hay un valor inmenso en perseverar en nuestra práctica de trabajo con sueños —comprometernos a diario a pedir, recordar, registrar y volver a entrar en nuestros sueños—, especialmente cuando pareciera que no llegamos a ninguna parte con las pistas que recibimos de ellos. A medida que les damos seguimiento y atendemos a los detalles de las pistas que recibimos, podemos descifrar poco a poco hacia dónde apunta nuestra psique, que nos ruega atención para que podamos encontrar las respuestas que buscamos.
Si en nuestros sueños accedemos a la sabiduría del inconsciente —aquello que todavía no sabemos de manera consciente—, se deduce que lo que llega de nuestros sueños a la vigilia es algo para lo cual no tenemos, en nuestra consciencia, ningún punto de referencia que nos permita comprenderlo con facilidad.
Lo que surge de nuestros sueños, sobre todo cuando pedimos guía y claridad sobre algo desconocido y poco familiar para nuestra consciencia de vigilia, es una agudeza inconsciente que todavía no puede transcribirse en pensamientos y palabras conscientes. El aprendizaje otorgado y las comprensiones propuestas todavía nos son inconscientes; es una sabiduría iluminada que aún no se ha formulado ni materializado lo suficiente como para clasificarse y aclararse de manera consciente, más allá de una sensación sin palabras de casi saber.
Con intención, atención y dedicación construimos y fortalecemos la relación y la comunicación con nuestro mundo onírico imaginal. Cuando establecemos y sostenemos la intención de lo que esperamos lograr con la ayuda de nuestros sueños, esto favorece la integración de las muchas capas de sentido presentes en nuestra experiencia y en nuestra psique, y nuestros sueños siguen respondiendo. La comprensión, una variedad de opciones, nuevas perspectivas y aperturas para la sanación y la resolución son inherentes a este proceso, a través de las imágenes, sensaciones, personajes, sucesos y atmósferas que surgen del mundo onírico hacia nuestra consciencia.
A medida que prestamos cada vez más atención a lo que surge en nuestros sueños, nos volvemos participantes voluntarios y colaboradores conscientes en el proceso de síntesis e integración que ocurre constantemente en el inconsciente. A través de los elementos, los entornos y las experiencias oníricas, percibimos una vaga sensación de familiaridad que se hace más fuerte con cada sueño de la secuencia de nuestra búsqueda.
Cuando no nos rendimos y seguimos pidiendo guía y prestando atención, estos elementos abstrusos de nuestro mundo onírico cambian, evolucionan y, con el tiempo, son reemplazados por otros más asequibles, que cobran sentido para nosotros a medida que seguimos su rastro. Inevitablemente, al fin llegamos a la imagen onírica reveladora que da en el clavo y nos concede la dulce gratificación del momento ajá del reconocimiento.
Por fin recordamos lo que ya sabíamos de manera inconsciente. Y así, confiamos en que el proceso está siempre en marcha, y lo honramos poniendo en práctica lo que aprendemos, con un gesto tangible de reconocimiento, siempre con un aprecio agradecido.
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Our dreams, if we are able to regularly recall them, are evidently committed to providing us daily with information and guidance relevant to our current circumstances in one way or another.
In their unique, unexpected—often altogether crude and tactless—ways, dreams offer clues, insight, instruction, and, when asked, they wanderingly bring clarity to our questions or present completely new questions in order to redirect our focus in the service of our greater health and wholeness.
Yet, sometimes the kind of messages dreams present to us can seem too simple and trite, apparently off-base or unrelated, rather undecipherable, utterly uncomfortable, or absolutely horrifying. Sometimes, the dream images we awaken with appear to bring us more trouble, distress, and confusion than the original issue we were hoping to resolve when deciding to pay attention to or asking for help from our dreams.
We may thus unintentionally—or quite intentionally—reject or dismiss them, entirely discount or overlook them, vehemently defend against them, or become thoroughly unable to engage with them.
Assuming ourselves at a dead end on our quest for greater clarity and a constructive sense of direction, we may become frustrated and wish to give up. Perhaps we even come to wish to not remember these dreams turned nightmares or apparently pointless mundane routines.
And yet, there is immense value in persisting with our dreamwork practice—daily committed to requesting, recalling, recording, and re-entering our dreams—especially when it would seem we are getting nowhere with the hints we receive from our dreams. As we keep track and follow the details within the clues we receive, we are able to gradually decipher what our psyche is pointing at, begging for our attention so we may find the answers we are looking for.
If in our dreams we are tapping into the wisdom in the unconscious—that which we do not yet consciously know—it would follow that what comes from our dreams into waking is something we have no point of reference in our conscious awareness with which to easily grasp it.
What emerges from our dreams, especially when we are asking for guidance and clarification about something unknown and unfamiliar in our waking consciousness, is unconscious acumen not yet transcribable into conscious thoughts and words. The learning awarded and the insights proposed are as yet unconscious to us; this is enlightened wisdom not yet formulated or materialized enough to be consciously classified and clarified beyond a wordless sense of almost knowing.
With intention, attention, and dedication we build and strengthen the relationship and communication with our imaginal dream world. When we set and sustain the intention for what we hope to achieve with the help of our dreams, this furthers the integration of the many layers of meaning present in our experience and in our psyche, and our dreams continue to respond. Insight, a variety of options, new perspectives, and openings for healing and resolution are inherent in this process through the images, sensations, characters, events, and atmospheres that arise through the dream world into our conscious awareness.
As we progressively pay attention to what comes up in our dreams, we become willing participants and conscious contributors in the process of synthesis and integration that is constantly occurring in the unconscious. We get a vague sense of familiarity through dream elements, environments, and experiences that gets stronger with every dream in the sequence of our query.
When we do not give up and we continue asking for guidance and paying attention, these abstruse elements from our dream world shift, evolve, and are eventually replaced with more graspable ones that make sense to us as we follow their trace. Inevitably we finally arrive at the revelatory dream image that hits the nail on the head and grants us the sweet gratification of the aha moment of recognition.
Finally we remember what we already unconsciously knew. And so, we trust that the process is constantly working, and we honor it by putting what we learn into practice, by making a tangible gesture of acknowledgment, always with grateful appreciation.
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