9 de marzo, 2020

La disposición a recordar el amor

The Willingness to Remember Love

Cada día aprendo un poco más sobre el amor incondicional.

Algunas de nosotras quizás lo aprendemos más fácilmente con nosotras mismas, y algunas quizás lo aprendemos más fácilmente con nuestros seres queridos más cercanos. Algunas quizás lo aprendemos más fácilmente al ser testigos de que otras personas lo modelan consigo mismas o con otros, y algunas quizás lo aprendemos más fácilmente a través de la naturaleza.

Aprendo mucho sobre el amor incondicional al observar cómo funciona la naturaleza.

El aire toma la forma de la habitación. El aire no dice: ‘te daré este espacio para respirar siempre y cuando respires como yo quiero’. Todas las personas disfrutan del beneficio de poder respirar el aire. Sucede lo mismo con el sol: el sol no deja de brillar cuando hay nubes en el cielo.

— Khandro Rinpoche

Amar sin condiciones es estar lo suficientemente abierta para ser testigo de otra persona exactamente como es. Es ser testigo sin evaluar. Es recibir al otro exactamente como es en este momento, sin la expectativa de que cambie en un sentido u otro. Es aceptar sin apego a cómo son las cosas. Es, al mismo tiempo, recibir y soltar, honrar lo que es mientras se abraza la impermanencia.

Lo mismo aplica, por supuesto, a amarnos a nosotras mismas incondicionalmente.

Nuestra definición de lo que es mejor, lo que es correcto, lo que es adecuado, proviene de nuestra perspectiva actual, nuestra experiencia pasada, y nuestra preferencia caprichosa, sin mencionar el condicionamiento conductual, social y cultural. El amor incondicional deja todo eso a un lado. Nos permite encontrarnos con otros exactamente donde están. Nos permite descubrir la perspectiva, la experiencia y el capricho del otro, tener compasión por nuestra condición humana compartida y limitante, y quizás incluso examinar las posturas limitantes que alguna vez asumimos y detrás de las cuales solemos escondernos habitualmente.

Nos permite encontrarnos con nosotras mismas exactamente donde estamos.

El amor sin condiciones nos permite reconocer, respetar y honrar que cada una de nosotras tiene su propio camino único de aprendizaje; que cada vida tiene una trayectoria sagrada y una función dentro de un paisaje mucho más grande. Nos permite reconocer, respetar y honrar que, sobre todo, tenemos voz e influencia sobre nuestro propio camino único de aprendizaje, que somos responsables de nuestra propia trayectoria sagrada, y que es un privilegio asumir esa responsabilidad.

Preguntémonos y consideremos profundamente qué somos capaces de tolerar, qué estamos dispuestas a tolerar, y qué somos incapaces de tolerar en este momento. Honremos eso.

Como nos recuerda el Dr. Mark Brady, preguntémonos y consideremos profundamente la pregunta: “¿dónde no me siento segura en este momento?” Escuchemos nuestras respuestas internas, y honrémoslas.

El amor incondicional hacia una misma y hacia el otro nos hace capaces de no depender del comportamiento de nadie más para estar en paz, y de asumir la responsabilidad de mantener esa paz con nosotras mismas (esa sensación de seguridad dentro de nosotras) para poder estar plena e incondicionalmente presentes con otras personas.

Sea cual sea lo que percibamos como la realidad externa, la nuestra y la de otros, asumámosla tal como llega, proyectada desde dentro de nosotras mismas. En lugar de enfocar la responsabilidad (o la culpa) en el otro, regresemos el enfoque hacia lo que en nosotras pide sanación.

A nuestro propio ritmo, aprendemos, sanamos.

Lleguemos al punto de, con placidez, no depender del comportamiento de nadie para estar en paz, de no vernos afectadas, con dulzura, si las personas no logran ser honestas o estar incondicionalmente presentes consigo mismas. En última instancia, cada quien tiene su propio camino único de aprendizaje. Permitamos, con amor e incondicionalmente, que otros tengan la libertad (que es su derecho) de recorrer ese camino, de tropezar, aprender, crecer y sanar a su propio ritmo, que no es el nuestro.

En última instancia, podemos ser imperturbables e inquebrantables frente a aquello ante lo cual alguna vez nos sentimos vulnerables: frente al miedo, frente a la pérdida, frente a cualquier cosa que hiciera que nuestro sufrimiento despertara y persistiera. Podemos traer este corazón firme e incondicionalmente amoroso a nuestros encuentros con otras personas y a nuestra experiencia en general.

Y que lleguemos a caminar de la mano con, y a enamorarnos, del hecho de que todo y todos tendrán un final: quienes amamos y quienes olvidamos amar. Esto nos dará la mayor capacidad de amar incondicionalmente, de recordar elegir el amor incondicional por encima de todo, de vivir una vida profundamente significativa a través del amor y sostenida por el amor.

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