15 de enero, 2020

Nuestra naturaleza esencial de cuidar en tiempos de necesidad

Our Essential Nature to Care in Times of Need

Doula (/ˈduːlə/) significa acompañante, sostén, defensora, asistente. Una Doula de Muerte es una acompañante, un sostén, una defensora, una asistente para una persona moribunda y sus seres queridos.

Ya sea en un hospital o en casa, ¿por qué las personas no consideran importante o necesaria la presencia de una Doula de Muerte junto a la cama de alguien que está muriendo?

Nuestra cultura ha sido condicionada a asumir que la enfermedad y la muerte son un asunto de hospitales, médicos y medicamentos. Pensamos en la muerte como un asunto puramente físico que hay que atender y despachar antes de que nadie tenga oportunidad de darse cuenta de lo que ha pasado en todas sus dimensiones.

Aunque algunas personas sienten el deseo de tener derechos al final de la vida, de querer estar preparadas para una buena muerte, la referencia más accesible es la de completar directrices anticipadas y hacer lo posible por asegurar su derecho a una muerte digna.

¿Alguna vez has considerado que esto es como “enviar una postal desde un lugar que nunca has visitado” (Bodhi Be, comunicación personal, abril de 2019)? No hemos estado ahí; no tenemos una noción verdadera de qué pensaremos entonces, cómo nos sentiremos, qué necesitaremos o qué querremos, o si siquiera tendremos la oportunidad de considerar estas cosas.

Podemos planear todo lo que queramos, y nada de esto es realmente asegurable, ya que no podemos predecir cómo o cuándo llegará la enfermedad o la muerte, ni podemos predecir cómo será encontrarnos con la enfermedad o la muerte, o qué despertará en nosotros.

Las personas no consideran la guía emocional, psicológica y espiritual cuando piensan en prepararse para una buena muerte. A la mayoría le preocupa no sentir dolor, no querer ser una carga para otros, no ser mantenidas con vida si pierden sus capacidades cognitivas, entran en muerte cerebral, o no pueden usar el baño sin ayuda.

La cultura actual no registra esta necesidad humana muy importante y desatendida de acompañamiento emocional, psicológico y espiritual frente a la muerte. Actualmente hay muy poco espacio para la labor tan importante que una Doula de Muerte puede hacer por una persona enferma o moribunda y sus seres queridos.

La cultura actual no nos permite actuar sobre este impulso humano tan importante y desatendido de ofrecer acompañamiento físico, emocional y espiritual a otros frente a la muerte. Actualmente hay muy poco espacio para la labor tan importante que los familiares, las amistades cercanas y la comunidad pueden hacer por una persona enferma o moribunda y sus seres queridos.

Gracias a la labor de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, en los últimos 50 años hemos comenzado a reconsiderar nuestra relación con la muerte, el morir y el duelo, y hemos desarrollado y construido equipos y centros de cuidados paliativos como una adaptación a la falta de humanidad en el cuidado de fin de vida y a la manera en que la industria de la muerte y nuestros sistemas de salud tratan la muerte y el morir.

Aunque establecer centros y equipos de servicio de cuidados paliativos ha resultado en cierto éxito y en la calidad y dignidad tan necesarias al final de la vida, esta es una solución paliativa a un asunto más profundo, que es que la muerte ha sido apartada de la familia y la comunidad, y que nuestra sociedad ha sucumbido a una fobia colectiva a la muerte.

Para asegurar que las generaciones futuras tengan una relación sana con la vida y la muerte, que pasen de la fobia a la muerte hacia el honrar más natural del ciclo de vida-muerte-vida, debemos empoderar a la gente.

Empoderemos a las comunidades marginadas y demos voz a sus tradiciones ancestrales en torno a la pérdida, el duelo, el morir y la muerte, y complementemos sus prácticas con educación y formación, para que acompañar a quienes están enfermos y muriendo vuelva a ser un aspecto natural y esperado en la vida de todos, para que nuestras personas mayores recuperen su lugar legítimo como portadoras de sabiduría y experiencia para nuestras comunidades.

Traigamos de vuelta la humanidad al cuidado de fin de vida y a la manera en que tratamos el morir y la muerte, devolviendo el morir y la muerte a la familia y la comunidad, empoderando a los seres queridos y a nuestras comunidades para retomar la manera en que respetamos a quienes están de duelo y a quienes están muriendo, y la manera en que honramos a nuestros muertos.

Traigamos de vuelta la naturaleza a nuestro morir y a nuestra muerte, para devolverle a la tierra a través de este proceso, el más natural de todos, que es el ciclo de vida-muerte-vida, en el cual la muerte alimenta y nutre la vida.

Traigamos de vuelta a plena vista y pleno acceso el propósito de la pérdida y la muerte en cuanto dan más vida, revelando la iniciación que es cada pérdida hacia una vida con propósito y servicio.

Empoderemos a quienes con valentía han sufrido, resistido y sobrevivido cualquier trauma o pérdida, para guiarlas en descubrir, apropiarse y aplicar los dones con los que nuestras heridas nos honran, y formarlas y capacitarlas para apoyar a otras personas que están atravesando, han atravesado, o podrían atravesar un trauma o pérdida similar.

Difundamos la palabra y la labor a través de todas las personas que se involucran en ella, para que la red que va transformando nuestra cultura de pérdida, duelo, muerte y fin de vida se fortalezca y crezca, y asegure un futuro en el que cada hogar comprenda y aprecie acompañar y cuidar a nuestras personas mayores, a quienes están enfermas, y a quienes están muriendo, como una parte natural, esperada, hermosa y bendecida de la vida.

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