22 de septiembre, 2018

Sacrificio significativo: forzados o dispuestos, hacemos una ofrenda sagrada

Meaningful Sacrifice: Forced or Willing, We Make Sacred Offering

Nuestros sueños nos invitan a considerar nuestras asociaciones con la palabra y el gesto del sacrificio cuando se nos invita o se nos obliga a hacer ofrendas que no habíamos considerado en la vida despierta. ¿Qué tipo de situaciones nos obligan nuestros sueños a soportar y tolerar? Con frecuencia, el aspecto más difícil de tolerar en nuestros sueños es nuestra propia respuesta a lo que está ocurriendo. Nuestras reacciones ante las ofrendas que se espera que hagamos en nuestros sueños señalan nuestras actitudes y aquello que se interpone en nuestro avance.

Si nos estamos volviendo demasiado engreídos, arrogantes, santurrones, incluso de la manera más políticamente correcta y altruista, el hacedor de sueños sin duda intervendrá. Con frecuencia en nuestros sueños nos vemos obligados a quedarnos sentados viendo cómo el fruto de nuestros esfuerzos desaparece o es destruido, a presenciar cómo se ignoran nuestras indicaciones o peticiones claras, a aceptar el robo, la violación, la devastación y la muerte. Nuestros sueños rara vez piden permiso u ofrecen una invitación considerada al sacrificio, pero a veces se nos da la opción de elegir. Quizás se nos muestra lo absurdo u obsoleto de nuestras lealtades, o la contradicción que hay en ellas. Tal vez se nos revela sin rodeos la traición a nosotros mismos que exigen estos acuerdos. Sin importar el tacto del hacedor de sueños, o la falta de él, se nos está convocando a rendirnos, a sacrificar, a hacer una ofrenda y a soltar.

Generalmente, cuando pensamos en el sacrificio, podemos pensar enseguida en el sufrimiento, en la pérdida, en perpetuar la carencia. Podemos escuchar esos dichos de que debemos sacrificarnos por lo que creemos, por lo que queremos, por amor, por la felicidad, por los demás. Podemos asociarlo con el lema “sin dolor no hay ganancia”. Al considerar aquello a lo que se espera que renunciemos, o sin lo que tendríamos que vivir, podemos sentir profundamente nuestra falta de disposición a aceptar o a hacernos pasar por algo así.

La palabra sacrificio implica intrínsecamente hacer sagrado, y nuestros sueños nos preguntan: ¿podemos percibir y abordar nuestra rendición, nuestra ofrenda, como algo sagrado? Hacer sagrado es sostener, venerar, considerar puro, esencial, digno de respeto, reverencia y devoción. Es impecabilidad, disciplina, dedicación. Comprende aquello que es más digno. La bendición en la trama inconclusa de este tipo de sueños está en nuestra apertura, sin opción, a un desenlace inevitablemente inesperado.

Nuestros deseos, incluso cuando son correctos para nosotros, pueden no estar en sintonía con una necesidad mayor que no somos capaces de percibir. Nos resulta más fácil enfrentarnos a esta realidad en el tiempo del sueño que en la vida despierta. Aunque pensemos que tenemos el control de los acontecimientos y los desenlaces en la vida despierta, eso ocurre menos en nuestros sueños.

Pero ¿en qué se diferencia el sacrificio significativo de renunciar a lo que queremos a cambio de una ganancia —ojalá— mayor en el futuro? El detalle curioso en todo esto está en el apego que, sin percibirlo, a menudo tenemos hacia lo familiar, junto con sus dolores e incomodidades innecesarios. Un sacrificio significativo desmiente este viejo paradigma de que debemos sufrir para tener lo que queremos y necesitamos, de que para ganar debemos renunciar a algo valioso para nosotros, porque lo que ha sido valioso ha sido lo familiar y no aquello que verdaderamente merecemos y deseamos.

Así que, si en nuestros sueños sentimos que se nos niega algo, es una señal de que nuestra tendencia hacia lo familiar necesita llegar a su fin para que una mayor plenitud pueda entrar en nuestra vida despierta.

Otra cosa a considerar es de dónde viene nuestro apego inicial: ¿del ego o del alma? El ego responde a las seducciones materiales, a nociones conceptuales de control y poder, a ideas e ideales limitados de quiénes somos y quiénes deberíamos ser, mientras que el alma —para nuestros fines aquí, y a falta de un término mejor— está alineada con nuestra verdadera esencia y con nuestra evolución individual en beneficio del colectivo. Nuestros sueños, sin duda y sin ningún reparo, no apoyan los intereses del ego, y están al servicio de nuestra mayor salud y totalidad en beneficio de todos.

Hay quienes dirían que esta negación de lo que creemos querer y necesitar es una forma de protección que nos brinda aquello que, dentro de nosotros, sabe más profundamente. Por lo general nosotros —a través del servicio solícito de nuestro ego— somos incapaces de reconocer y asumir nuestra verdadera valía y nuestro valor intrínseco, y somos incapaces de reclamar la magnitud de lo que legítimamente merecemos. Y así, el hacedor de sueños nos convoca o nos obliga a ofrendar aquello que creemos que es correcto para nosotros y verdadero en nosotros, para que podamos abrir paso a lo que nos llenará y completará de manera más profunda y esencial.

El sacrificio significativo no llega sin una petición de profundizar nuestra fe, fortalecer nuestra confianza y asumir nuestra valentía. También es una petición decidida de rendir nuestros apegos y cualquier ilusión a la que nos aferremos y que nos mantenga creyendo que tenemos el control y que sabemos qué es lo mejor.

La gracia superior de nuestra intuición, nuestro impulso, nuestro saber más profundo, guiados por el inconsciente mayor, es la fuente de nuestro mayor empoderamiento y de nuestro sustento más gozosamente pleno.

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