19 de agosto, 2018

Separarnos, quedar fuera, quedarnos atrás: honrar el camino individual

Separated, Left Out, Left Behind: Honoring the Individual Path

Igual que en la vida de vigilia, en nuestros sueños el hecho de separarnos, de sentirnos excluidos o de sentir que nos dejaron atrás suele venir acompañado de una carga emocional considerable. Viajamos con un grupo y, de pronto, nos encontramos rezagados y teniendo que arreglárnoslas por nuestra cuenta. Participamos en una actividad grupal con amistades y, de pronto, ya no nos incluyen, y nadie parece notar ni importarle que estemos ahí. Huimos de un peligro con nuestros seres queridos y, de pronto, les perdimos el rastro o ellos nos lo perdieron a nosotros. Estamos con nuestra pareja y, de pronto, se fue, no aparece por ningún lado o, peor aún, se fue a estar con otra persona o a hacer algo impropio de su espíritu. Sentimos de todo: desde pérdida, tristeza, impotencia, desorientación, abandono, desesperación y traición, hasta frustración, ofensa, agravio, herida, indignación, sed de venganza y furia.

Podemos mirar estos momentos de gran emoción en nuestros sueños —sobre todo los de emociones incómodas y angustiantes— como indicadores de los espacios y lugares emocionales donde nos toca hacer nuestro trabajo interior. Son los indicadores del trabajo interior que estamos en proceso de asumir de manera consciente. Son los espacios y lugares emocionales que, una vez hecho el trabajo, se llenarán de las emociones elevadas que sostienen y nutren nuevas maneras de estar con nosotros mismos y con los demás, de amarnos y de honrarnos.

Entonces, ¿qué significa cuando en nuestros sueños nos encontramos separados, excluidos o dejados atrás?

Una de las cosas potencialmente más difíciles que haremos en la vida es aceptar que recorrer nuestro camino único es un acto en solitario, sin importar cuán conectados y sanamente interdependientes podamos ser. La otra cosa difícil que haremos es aceptar que cada persona recorre su propio camino único, que está separado, es distinto y es completamente independiente del nuestro, sin importar cuán amorosa sea nuestra presencia.

Separarnos y sentirnos excluidos o dejados atrás en nuestros sueños son maneras en que el inconsciente nos acompaña en esta gran e importante labor de entrega y aceptación. En estos sueños se nos lleva a la encrucijada en la que, sin quererlo, nos encontramos desvinculados de nuestra conexión con los demás, a solas para enfrentar lo que sea que necesitemos enfrentar. Se nos invita a desapegarnos genuinamente con amor, a soltar cualquier expectativa y cualquier resultado idealizado, para poder aceptar plenamente todo exactamente como es en el momento presente.

Dejando de lado el papel de cuidar a niños pequeños, como adultos solemos cargar con el condicionamiento de asumir la responsabilidad por el bienestar de otros adultos —en particular de nuestros seres queridos—; solemos cargar con el condicionamiento de creer que tenemos el derecho y la obligación de controlar e influir en su camino, en sus decisiones, en su vocación y su propósito de vida. Incluso otras personas esperarán o nos convencerán de que debemos ejercer influencia y control sobre ellas o sobre alguien más como muestra de cuidado, aun cuando esto solo vaya a generar resentimiento y decepción, entre una serie de efectos no deseados. Nos han hecho creer que amar es controlar e influir —bajo la apariencia de ayuda y apoyo—, y que la prueba de nuestro amor se reflejará en la manera en que el otro alcance un resultado esperado, limitado y predeterminado. Empezamos a esperar que los demás demuestren su cuidado de esta manera, aun cuando esto solo haga que los intercambios se sientan, de inmediato o con el tiempo, forzados, constreñidos, tensos. De manera inconsciente buscamos pruebas de nuestro valor y nuestra relevancia, y del poder de nuestro amor, en si el otro nos responde o no con los resultados que esperamos.

Del otro lado de este cuento torcido sobre el amor, nos han hecho creer que, a menos que el otro esté bien, nosotros no podemos estar bien; que si amamos, debemos conocer y sentir lo que no está sanado ni resuelto en los demás, en lugar de conocer y sentir nuestra propia experiencia encarnada. Partiendo de la creencia de que si amamos debemos rescatar, ayudar, arreglar, curar y salvar, ponemos nuestra atención en la condición del otro, e invertimos nuestra energía y nuestra intención en mejorarlo para poder sentirnos mejor en nuestra propia piel.

Los sueños de separación, de quedar excluidos o de quedarnos atrás, vienen a recordarnos que este no es en absoluto el camino del amor ni la manera de honrar el camino individual. Estos sueños de pérdida nos recuerdan que somos la heroína o el héroe de nuestro propio viaje, más allá de nuestros vínculos de sangre, de compromiso o de devoción. En ese momento de pérdida, se nos invita a tomar consciencia de nuestra posición, de nuestros recursos, de nuestra capacidad de acción, de nuestra verdad y del deseo de nuestro corazón, todo lo cual revela nuestro único camino posible desde donde estamos hasta donde necesitamos estar, desde donde estábamos perdidos hasta donde nos reencontramos y podemos acceder a la fuente más verdadera de amor incondicional y aceptación inquebrantable.

Lo que hacemos en respuesta a la separación o a la sensación de abandono o traición en nuestros sueños se relaciona directamente con la manera en que estamos llevando —y en que podríamos llevar mejor— la labor de honrar el camino individual. ¿Nos resignamos a la sensación de pérdida y desconcierto, o confiamos en que encontraremos nuestro camino? ¿Insistimos en que nos noten y nos escuchen, o reconocemos nuestras acciones como independientes de las suyas? ¿Salimos a buscar al otro hasta encontrarlo, nos quedamos en un lugar esperando indefinidamente, o miramos hacia adelante, hacia lo que hay ahí para nosotros? ¿Nos sentimos insuficientes, dañados, reemplazables, rebajados e irrespetados, o reconocemos nuestro valor, nos entregamos y aceptamos?

A medida que retiramos nuestro foco, nuestra atención y nuestra energía de vigilar a los demás o de exigirles respuestas específicas, quedamos libres para descubrir lo que se requiere de nosotros para atender lo que no está sanado ni resuelto en nosotros mismos. El poder de nuestro amor revelará entonces, con generosidad, el camino que nos lleva a una mayor salud, totalidad e integración, y quedaremos plenamente libres y capaces de reconocer, respetar y honrar nuestro camino individual y el de los demás.

← Todos los artículosEscribirme →

Otros artículos

Sigue recorriendo