18 de noviembre, 2018

Transformar el sentido: mejorar nuestra vida con una nueva perspectiva intencional

Transforming Meaning: Improving Our Life with an Intentional New Perspective

El trabajo con sueños es, en parte, la labor de desplegar las múltiples capas de sentido latentes en nuestros sueños. En lugar de buscar referencias y definiciones externas y predeterminadas para interpretar nuestros sueños, exploramos los infinitos mundos y dimensiones de posibilidad inherentes a cada aspecto de nuestros sueños. Si bien hay muchas maneras de hacerlo, una de las mayores oportunidades que nos da el trabajo con sueños es la de observar y evaluar el sentido que, de manera inconsciente, les damos a los innumerables elementos que componen nuestra experiencia, tanto en el tiempo del sueño como despiertas.

Aprovechamos esta oportunidad observando nuestros sistemas automáticos de asignar sentido y nuestros hábitos de dar significado, a través de las asociaciones, suposiciones, reacciones y juicios que tenemos en nuestros sueños y mientras los trabajamos despiertas.

Hay un gran poder transformador en este ejercicio.

Aunque todo es como es, tendemos a asignarles sentido a las cosas según lo que aprendimos de otras personas, de la experiencia, del entorno. Gran parte de los sentidos que asignamos por defecto provienen de suposiciones consensuadas, externas y predeterminadas. Gran parte de los sentidos que asignamos por defecto provienen de (a) tácticas de supervivencia y mecanismos de defensa adoptados y desarrollados de manera inconsciente, (b) el miedo a la pérdida y a la carencia, y (c) un estrés constante de baja intensidad y un conflicto interno sobre quiénes somos y quiénes nos hicieron creer que deberíamos ser. Esto lleva a proyecciones automáticas de un sentido asignado inconscientemente, y a nuestra resistencia activa —inconsciente o intencional— a las cosas tal como son, o incluso a nuestra lucha abierta con ellas, con la realidad misma.

Si nos detenemos a sentir cómo nos sientan estos significados, puede que nos encontremos cuestionándolos, y cuestionando cómo nos hacen sentir.

Hay rasgos muy amplios o muy particulares, rasgos muy estereotipados que generalizamos en categorías y definiciones muy limitantes. De este modo solemos perdernos una amplia gama de posibilidades. Que al trabajar un sueño asociemos amenaza y riesgo de pérdida, carencia, violación o ataque con la presencia de un extraño en las sombras —a quien automáticamente suponemos un intruso, un ladrón, un secuestrador, un violador, un asesino— no significa que esas sean nuestras únicas opciones. Que al trabajar nuestro sueño asociemos juicio, crítica, rechazo o burla con la presencia de nuestro némesis de la infancia, y competencia, choque, lucha de poder o guerra abierta con ese encuentro, no significa que esos sean los únicos desenlaces posibles.

El trabajo con sueños nos ofrece la alternativa de adentrarnos más en nuestras posibilidades, reimaginar el sentido de estas apariciones como invitadas y redirigir el poder de nuestro simbolismo.

Evaluar el sentido implica detenernos en lo que cada significado despierta en nosotras. Nos preguntamos cómo nos hacen sentir estas definiciones, de qué manera nos sirven y qué sensaciones nos provocan. Mientras nos sintamos incómodas, hay algo que no está bien para nosotras.

Descubrimos que somos valientes, no porque tengamos el control, sino porque estamos dispuestas a enfrentar lo que podamos encontrar ahí. Empezamos a sentirnos alentadas a rendirnos y a confiar en lo que podamos encontrar ahí.

La carga emocional incómoda en un sueño llama nuestra atención y señala las áreas donde necesitamos hacer nuestra labor. Lo mismo vale para el trabajo con sueños estando despiertas. Al notar una carga emocional, podemos preguntarnos si esta respuesta nos hace sentir más integradas o más fragmentadas. Podemos contemplar si sentimos más amor o más miedo, si nos sentimos más conectadas y unidas o más aisladas y separadas.

Puede que descubramos que algunos significados antes inexplorados son muy específicos y personales, basados en la experiencia interior individual, en una intuición, un impulso, una sensación o un instinto. Alentadas a ir más allá de los límites de nuestros significados por defecto, accedemos a una sabiduría que no tiene punto de referencia en la realidad consensuada: ahí reside la sabiduría de nuestros sueños.

El siguiente paso necesario es preguntarnos cómo podríamos vivir las cosas de otra manera, y cómo exactamente deseamos vivirlas. Podemos preguntarnos qué verdad deseamos vivir, y qué sentido facilitaría la manifestación de esa verdad. Así es como creamos una nueva perspectiva y, desde esa nueva perspectiva, una nueva experiencia. Todo se vuelve una invitación, una oportunidad, una nueva posibilidad.

Al soltar con naturalidad la necesidad de seguir a la defensiva, y al empezar a abrazar la realidad tal como es, de pronto una abundancia de recursos queda a nuestro alcance. Ya no sentimos la necesidad de protegernos ni de preservar lo que creíamos que eran nuestras creencias. No solo podemos soltar viejos paradigmas: podemos decidir intencionalmente el sentido simbólico de cada aspecto de nuestros sueños y de nuestra vida de vigilia.

El trabajo con sueños es una práctica transformadora en gran parte porque es una práctica de asignar un nuevo sentido a la realidad que percibimos. Lo que antes era una amenaza ahora es una invitación, lo que antes era un desafío ahora es un reflejo generoso y, con ello, inevitablemente nos transformamos en los seres ilimitados, conscientes y creativos que estamos destinados a ser.

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